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Las amenazas en la atención médica

Screen Shot 2013-04-16 at 11.25.04 AMSe ha considerado a la actividad médica como un trabajo diez veces más riesgoso que otras profesiones, siendo el foco rojo de las amenzas los servicios de urgencias1.

En USA se cuentan aproximadamente 900 muertes por año y 1.7 millones agresiones físicas o verbales al personal de salud lo cual traduce el alto riesgo ocupacional2.

El drama psicosocial que desencadena la atención del accidentado o del que solicita valoración médica de urgencia entraña situaciones paradójicas y extremadamente difíciles.

La situación de estrés tanto del personal de salud como de los familiares  hace de este servicio una bomba de tiempo  para la relación médico-paciente.

Por esta razón, no es de extrañar que se presenten agresiones físicas o amenazas frecuentes para el personal médico o de enfermería con consecuencias negativas para el buen servicio y la productividad.

Una de las barreras importantes para contrarrestar la violencia lo constituye la falta de política institucional para reportar los incidentes a las autoridades judiciales.

El 50% del personal de enfermería lo considera como parte del trabajo institucional y nunca llega a reportarlo por escrito ya que le ve pocas expectativas de solución. Incluso, para muchas de ellas por empatía con el coraje o frustración del paciente o sus familiares sienten que son razones suficientes para no reportarlos2.

Por la seguridad de todo el personal de los servicios de urgencia, debería la institución implantar políticas preventivas, guías y manejo interdisciplinario que sepa anticiparse a las situaciones potenciales de violencia, como la atención de pacientes psiquiátricos, el tener demasiados pacientes con tiempos largos de espera y valorar los propios comportamientos del personal del servicio.

Las medidas de seguridad de la institución y las buenas prácticas del personal de salud deberán caminar juntas para prevenir las amenazas y violencia física de los servicios de urgencias.

Para leer más:

1 Kowalenko T et al.  Prospective study of violence against ED workers. Am J Emerg Med 2013;31(1):197.205

2 Gacki-Smith J. et al. Violence Against Nurses Working in US Emergency Departments. JONA 2009;39(7/8):340-349

Enfermería basada en la evidencia

Tradicionalmente el papel de enfermería se ha centrado en el cabal cumplimiento de las indicaciones del médico para la atención integral del paciente.

Sin embargo, la función de enfermería debería ir más allá del papel de ayudantes; plantearse sus propias preguntas y responder a todas sus dudas. Así lo exige la práctica de la medicina moderna y así lo requiere la formación de su propia identidad como profesionales de una disciplina que debe tener carácter científico.

La investigación no es una actividad extraordinaria, ni un lujo sino una necesidad y, por tanto, forma parte del quehacer cotidiano de todo profesional; es su deber reflexionar sobre la realidad en que actúa, obtener conocimiento y aplicarlo en forma responsable.

Por esta razón, si se quiere hacer una enfermería basada en la evidencia, debe aplicar el método científico y someterse a sus reglas: 1) tener conciencia de sus alcances y limitaciones; 2) comprender la vida social en todos sus aspectos; 3) actualizarse en los avances de la ciencia y la tecnología y recurrir a las fuentes más autorizadas; 4) utilizar adecuadamente la observación y la experimentación; 5) combinar el estudio y la investigación individual con el trabajo en equipo.

La atención diaria de los pacientes hace que enfermería se tenga que enfrentar a múltiples interrogantes y que necesite encontrar las respuestas. Si tomamos en cuenta que las bases de la  práctica basada en la evidencia son: 1) formular la pregunta; 2) buscar la evidencia; 3) evaluar la validez y utilidad de los hallazgos; 4) aplicar los resultados; y 5) evaluar el rendimiento clínico, podemos decir que en este método el personal de enfermería podría avanzar en una atención de calidad para beneficio del paciente.

Para lograr este objetivo es obvio que se requiere de una institución que proporcione recursos y personal entrenado en tecnología de la información médica, pero lo esencial radica en el cambio de actitud de enfermería para dejar atrás la práctica tradicional basada en la sola experiencia.

 

 

 

 

 

Enfermera cuidadosa, paciente seguro

La seguridad de los pacientes se ha convertido en un  tema de impacto internacional, al grado que la Organización Mundial de la Salud (OMS), conjuntamente con líderes mundiales de salud, presentaron en el 2004 una alianza para reducir el número de enfermedades, lesiones y muertes derivadas de errores en la atención de salud.

Se ha llegado a calcular que el 70% de los errores en la atención médica provocan discapacidades y de éstos la muerte del paciente hasta en un 14%. Esto implica un impacto social, familiar y emocional de impredecibles consecuencias.

Los daños asociados a la hospitalización pueden ser de mayor o menor grado de severidad, desde una simple omisión en la aplicación de un medicamento hasta los efectos medicamentosos graves, infecciones nosocomiales,  úlceras por decúbito  o complicaciones perioperatorias y quirúrgicas.

Realizar medidas preventivas de caídas durante la alimentación, el baño, el traslado a otro servicio, para proteger de lesiones graves al paciente hospitalizado, algunas instituciones las han establecido como indicadores esenciales de calidad.

Disponer de luz suficiente en el cuarto o los pasillos, barandales de soporte fuertes, adecuar la altura de las camas, sillas de ruedas seguras, pisos limpios y secos, son medidas sencillas y seguras.

Si bien es cierto que la disponibilidad de recursos y la vigilancia de condiciones óptimas para el trabajo son responsabilidad administrativa de la institución, el personal de enfermería debe reportar lo inadecuado de estas condiciones y aceptar el compromiso de velar porque sus conocimientos y destrezas estén centradas en la seguridad del paciente.

Las imprudencias del familiar en la deambulación temprana del paciente por condiciones neurológicas no óptimas  forman parte de una responsabilidad compartida, en donde la comunicación de los cuidados de enfermería deben estar perfectamente coordinados con los cuidados que realizan los familiares del paciente.

No olvidar que todo el personal de salud tiene obligación de aplicar los medios y diligencia en favor del paciente; los actos y omisiones que contribuyan a provocar daños en el paciente deben por ley ser reparados.

Por eso, enfocar la atención a la seguridad del paciente hospitalizado implica realizar una estrategia de atención segura, efectiva, eficiente, equitativa y centrada necesariamente en el paciente.

Debería fortalecerse la cultura de aprender de los errores, en lugar de la búsqueda de culpables

Enfermera-paciente, una relación de bienestar y servicio

Florence Nightingale, de origen inglés, planteó desde hace 200 años el papel de la enfermera en la recuperación de la salud del paciente a través de consejos prácticos que se han señalado como las bases de la enfermería moderna.

El papel de la enfermera significó para ella “un poco más que la administración de medicamentos y cataplasmas; hizo hincapié en que la enfermera debía mantener siempre el control y la responsabilidad sobre el entorno del paciente”.

El uso apropiado del aire, de la luz, el calor, la limpieza, la tranquilidad y la selección de la dieta y su administración con el menor gasto de energía para el paciente, constituían la clave para recuperar su salud.

Puso énfasis en la necesidad de que la enfermera respetara al paciente, sin emitir juicios derivados de sus creencias religiosas (ella era anglicana), sólo concentrarse en él como ser humano.

Si la salud, según el concepto de la OMS, se define como el completo bienestar físico, psíquico y social, ella la consideraba como la “sensación de sentirse bien y la capacidad de utilizar al máximo todas las facultades de la persona”.  Concebía la enfermedad como un “proceso reparador que la naturaleza imponía, debido a una falta de atención”.

Lo curioso, desde este punto de vista, es que rechazaba la teoría de los gérmenes como productora de enfermedades, y sin embargo, se inclinaba por la ventilación adecuada, la movilización constante de los pacientes para aprovechar los efectos de la luz solar, el baño de todos los días y el estricto lavado de manos.

Por otra parte, insistía en que el paciente estuviera rodeado de condiciones favorables para su recuperación: evitar el ruido innecesario y un ambiente tranquilo y relajado.

La enfermera representa, para el paciente y para una institución de salud, el personal clave en  el éxito del tratamiento; porque ella está más tiempo con el paciente, sus cuidados y su amabilidad en el trato despiertan confianza, empatía y juzgan de alguna manera la calidad de la atención médica prestada.

 

La buena enfermera y su código de ética

La buena enfermera se preocupa por ganarse la confianza del paciente porque es la razón de ser de su práctica profesional.  En ellas depositan la responsabilidad de cuidar por su bienestar  y el de su salud.

Sus actividades son múltiples: cambia la cama, baña al paciente, les da de comer, les aplica los medicamentos con toda la responsabilidad que implican las dosis, los horarios, la vigilancia de signos vitales y el estar siempre atentas a cualquier emergencia.

Para la enfermera no hay días festivos, en todo tiempo está al lado del paciente; se alegra con los familiares cuando se despiden del hospital y da todo el apoyo moral en los momentos de tensión y tristeza cuando hay algún desenlace fatal.

Para desarrollar en plenitud esta honorable tarea toda enfermera deberá sujetarse al código de ética que normará siempre  todas sus actividades:

1)   actuará siempre dentro del marco de las leyes, tanto las que regulan su profesión como las que rigen su vida personal;

2)   tratará amablemente a los pacientes, sin discriminación alguna, e incluso abogará por ellos para que reciban todos los beneficios de índole social y de salud además de información y apoyo;

3)   manejará confidencialmente  lo que le platiquen los enfermos,  siempre y cuando no vaya en detrimento de su salud, lo cual deberá compartirlo con el médico tratante;

4)   escuchará atentamente a los pacientes y familiares y responderá con profesionalismo y cortesía a todas sus dudas sobre su salud dentro de su competencia, y servirá de auxiliar junto con trabajo social en problemas de comunicación sea por discapacidad (sordomudos) o grupo étnico (dialecto propio);

5)   obtendrá el consentimiento del paciente antes de realizar alguna maniobra que sea necesaria para la atención integral; de negarse el paciente deberá comunicarlo de inmediato al médico tratante;

6)   tratará de evitar regalos, favores o invitaciones del paciente con el fin de evitar interpretaciones de trato preferencial;

7)   informará puntualmente a sus compañeras, cuando el manejo sea compartido, con el fin de salvaguardar la seguridad del paciente y darle una atención de calidad;

8)   consultará y recibirá los consejos de sus compañeras, cuando lo considere necesario,  en caso de pacientes problema, y asegurarse que quien la sustituya lo haga con toda responsabilidad, sin prejuicios y con toda la supervisión y apoyo;

9)   actuará con energía si cree que alguna de sus compañeras o alguien del personal médico pudiera poner en peligro a un paciente, y deberá informar a la autoridad competente;

10)  asistirá con regularidad a cursos de educación médica con el fin de que los manejos del cuidado enfermero estén basados en la mejor evidencia y dentro de los más altos niveles de calidad;

11)   deberá reconocer los límites de sus habilidades, así como la de plasmar en el expediente clínico las notas relacionadas con signos vitales, administración de medicamentos y eventos que pudieran presentarse durante el turno;

12)   dará una respuesta honesta, constructiva y respetuosa a quien se queje del manejo médico proporcionado por ella,  incluso de errores cometidos, sin permitir que ello interfiera con su despeño profesional;

13)   evitará abuso de su posición privilegiada como parte de un equipo que busca la salud de los enfermos y nunca deberá usarla para beneficio personal; antes al contrario, empleará su reputación profesional para promover las causas que incrementen el prestigio de su profesión.

Los derechos de enfermería

De manera similar a lo publicado sobre los derechos de los médicos y los paciente surgió la “carta de los derechos generales de las enfermeras y los enfermeros”, publicada en 2006 y consistente en un decálogo de enunciados que pretenden incentivar la labor de enfermería en relación con los pacientes y familiares:

1.- Ejercer la Enfermería con libertad, sin presiones de cualquier naturaleza y en igualdad de condiciones interprofesionales. Se reconoce  la labor profesional de enfermería y su metodología del quehacer enfermero dentro de un marco ético, legal, científico y humanista.

2.- Desempeñar sus intervenciones en un entorno que garantice la seguridad e integridad personal y profesional. Cuando las características de sus actividades impliquen riesgos para la salud, tienen derecho a que se les dote de los insumos indispensables para minimizar el riesgo laboral.

3.- Contar con los recursos necesarios que le permitan el óptimo desempeño de sus funciones. Aplica a las necesidades del área o servicio en el cual desempeña su actividad profesional.

4.- Abstenerse de proporcionar información que sobrepase su competencia profesional y laboral. Este derecho se transforma en una obligación, ya que la labor de enfermería se orienta al cuidado del paciente y a proporcionar datos clínicos relevantes al médico tratante.

5.- Recibir trato digno por parte de pacientes y sus familiares, así como del personal relacionado con su trabajo, independientemente del nivel jerárquico. El trato digno se convierte en un derecho y una obligación universal para el médico, el paciente y el personal de enfermería.

6.- Tener acceso a diferentes alternativas de desarrollo profesional en igualdad de oportunidades que los demás profesionales de la salud. En la medida que el personal de enfermería se capacite y actualice sus procesos a la par del grupo médico,  los beneficios para el cuidado del paciente serán de mejor calidad.

7.- Tener acceso a las actividades de gestión, docencia e investigación de acuerdo a sus competencias, en igualdad de oportunidades interprofesionales. Enfermería debe hacer valer este derecho ya que la educación médica continua y la labor de investigación incide directamente en la atención óptima del paciente y honra a la institución.

8.- Asociarse libremente para impulsar, fortalecer y salvaguardar sus intereses profesionales. La participación activa en colegios impulsa el liderazgo y favorece su desarrollo profesional.

9.- Acceder a posiciones de toma de decisión de acuerdo a sus competencias, en igualdad de condiciones que otros profesionistas, sin discriminación alguna. Los cargos directivos ofrecen la oportunidad de tomar decisiones estratégicas y operativas para el mejor desempeño profesional.

10.- Percibir remuneración por los servicios profesionales prestados. Esto lo avala la ley federal del trabajo y la ley de profesiones.

Para el gremio de enfermería conocer estos derechos representa un estímulo, sobre todo para el grupo comprometido con la práctica profesional de excelencia.

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